Un café a medio terminar, manos cruzadas, risas con sal. Palabras e historias que se entrecruzan, miradas cómplices, ganas de compartirlo casi todo. Y siempre llega el momento de las preguntas incómodas, preguntas sin repuesta, calla la boca y se clavan los ojos ...
... y se llora, y se llora, y se llora.
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viernes, 9 de marzo de 2012
miércoles, 4 de enero de 2012
Se cerró la puerta, y se quedó solo, encerrado, sin luz. En una prisión forjada por él mismo, en su prisión. Miró a su alrededor, cada día aparecía una puerta, una ventana, a veces aparecían y desaparecían rápido, en el tiempo en que se cruzaba una mirada, florecía una sonrisa y él no las abría, no miraba a través de ella, oportunidades perdidas las llamaban.
Pasó el tiempo, medicina necesaria, abrió puertas, miró por ventanas, cogió autobuses y llegó a la estación, a esperar, a esperar al tren que pasa tan poco. El tren que vale por todas las oportunidades perdidas.
Pasó el tiempo, medicina necesaria, abrió puertas, miró por ventanas, cogió autobuses y llegó a la estación, a esperar, a esperar al tren que pasa tan poco. El tren que vale por todas las oportunidades perdidas.
martes, 3 de enero de 2012
Sonaron las campanas, doces veces, una y otra vez a lo largo del mundo. Sonaron los labios, mil veces, una y otra vez a lo largo del mundo. Sonaron las copas, un millón de veces, una y otra vez a lo largo del mundo.
No sonó el llanto, no sonó nunca, acallado,acallado mil y una veces.
No sonó el llanto, no sonó nunca, acallado,acallado mil y una veces.
jueves, 29 de diciembre de 2011
Daños colaterales
La única patria feliz, sin territorio, es la conformada por los niños.Rainer María Rike
Los niños jugaban en el parque, los columpios se balanceaban, el agua dentro de globos mojaba a niños y a desafortunados padres por igual. El mundo seguía igual, igual que hace 20 años, pero entonces el cielo se tornó negro, súbitamente. Un avión sobrevolaba la ciudad, silencioso, con una forma anormalmente plana.
El cielo silbó, el aire se desgarró, los niños no sabían lo que pasaba. Algunos padres se levantaron, conscientes del peligro, corriendo hacia sus hijos, fue en vano. La tierra aulló, levantó un puño al cielo pidiendo venganza, el aire se tiñó de rosa, y una ciudad desapareció de un plumazo, borrada por juguetes de niños mayores, de aquellos que se hacen llamar hombres, pero realmente son cobardes.
Y entonces dejaron de ser niños, dejaron de ser padres, no hubo columpios ni globos de agua. Ahora eran daños colaterales.
domingo, 30 de octubre de 2011
Llovía, llovía dentro y fuera. Él siempre se controlaba, lo había aprendido a lo largo del tiempo, a veces no mostrarse era la mejor defensa, el mejor ataque. Ella no podía, no podía parar de llorar, haciéndole sentir peor y peor.
Habían pasado tantas cosas juntos, tantas risas, tantas tardes de chocolate, tantas carreras bajo la lluvia. Pero ahora eran sus ojos la tormenta, y él no podía evitar mirarla con cierta pena. Todo empieza y acaba, ley de vida.
Y ella lloraba y lloraba, y solo pedía migajas. Migajas que él no puede darle, porque no se las merece, porque no puede regalar migajas que esconden cristales. Cristales que laceran, cristales que matan, cristales que les separan.
Cristales que amortiguan hasta que no se siente nada.
Habían pasado tantas cosas juntos, tantas risas, tantas tardes de chocolate, tantas carreras bajo la lluvia. Pero ahora eran sus ojos la tormenta, y él no podía evitar mirarla con cierta pena. Todo empieza y acaba, ley de vida.
Y ella lloraba y lloraba, y solo pedía migajas. Migajas que él no puede darle, porque no se las merece, porque no puede regalar migajas que esconden cristales. Cristales que laceran, cristales que matan, cristales que les separan.
Cristales que amortiguan hasta que no se siente nada.
martes, 20 de septiembre de 2011
Una cosa que me dedicaron...
... una persona a la que le tengo mucho cariño y que no quiere ser revelada.
"Érase una vez una beluguita de sexy risa al telefono (tenia móvil, pues era una beluga del siglo XXI) y ojos de un azul igual al del agua que la contenia. Esta beluga tenia un sueño: "Yo quiero por la tierra andar". Su sueño no paraba de dar vueltas en su cabeza hasta que un día encontró, en medio de un arrecife, un extraño edifico rojo con un letrero luminoso "Sus sueños se harán realidad". Y ahí entró la pobre beluga, y al primer pez globo que vió preguntó que era aquello que pregonaban los carteles.
Este le respondió: "¡Lo que lees! ¡Todos y cada uno de tus sueños se pueden hacer realidad aquí! Tú,joven, ¿tienes alguno?"
Beluguín respondío entusiasmado: "Sí, señor. ¡Quiero como los perros correr sobre la tierra!"
-"Muy bien. Es posible. Pero tendrás que trabajar duro para ello. Pasarás duras jornadas en el infierno. Pero si ese es tu verdadero sueño valdrá la pena. Firma aquí, joven."
Belu apresurado firmó.
Pasaron duros meses, incluso años de trabajos forzados, entre calderas y orgías. Hasta que finalmente llegó el ansiado momento. Belu recibió sus dos preciadas piernas.
Aquellos que lo han visto dicen que fue la peor visión de sus vidas el ver a aquel horrendo pez caminando estupidamente bajo sus dos tristes piernecillas.
Él, sin embargo, se sintió el más feliz del mundo con su recién estrenada libertad.
FIN ^^
PD. Meses después se amasó una abultada fortuna. Nadie hasta la fecha ha llegado a saber la cantidad exacta"
lunes, 18 de julio de 2011
Soledad
Había dos momentos del día que le fascinaban, cuando anochecía y cuando amanecía. Para él era mágico como el sol salía iluminando la playa, y como se escondía devolviéndole a los amantes la intimidad que correspondía a la noche.
Y muchas veces se sentaba en la playa a ver como el sol caía por el horizonte, como el mar cambiaba de color y se tornaba rojo. Y como las nubes del cielo se coloreaban pintando un cuadro de pura fantasía, si de verdad había un Dios ahí arriba, debía ser pintor o algo por el estilo.
A veces, después de la caída del sol se quedaba tumbado en la arena bocarriba, y con la ingenuidad de un niño contaba las estrellas conforme salían. Siempre habría los ojos como platos cuando comenzaban a desvelarse rápidamente, todo lo que ocurría en el cielo les fascinaba.
Aunque a veces todo esto le dejaba en un estado de eterna melancolía, porque estaba un poco harte de hacerlo siempre solo...
Y muchas veces se sentaba en la playa a ver como el sol caía por el horizonte, como el mar cambiaba de color y se tornaba rojo. Y como las nubes del cielo se coloreaban pintando un cuadro de pura fantasía, si de verdad había un Dios ahí arriba, debía ser pintor o algo por el estilo.
A veces, después de la caída del sol se quedaba tumbado en la arena bocarriba, y con la ingenuidad de un niño contaba las estrellas conforme salían. Siempre habría los ojos como platos cuando comenzaban a desvelarse rápidamente, todo lo que ocurría en el cielo les fascinaba.
Aunque a veces todo esto le dejaba en un estado de eterna melancolía, porque estaba un poco harte de hacerlo siempre solo...
domingo, 26 de junio de 2011
Entre algodones
Parecen solo miradas, y hay gente que no lo entenderá, pero no son solo miradas. A veces las miradas dicen lo que no se puede decir con palabras, las miradas expresan alegrías inabarcables, miedos insondables, tristezas inconmensurables.
A veces iba a un chiringuito a conectarme a internet, era verano y no tenía acceso desde mi casa. Iba a descargarme series o leer blogs, ajeno a los problemas de aquellos que no habían nacido entre algodones, pedía un batido de fresa dopado con todo tipo de siropes y natas y me conectaba. En esos días hablaba mucho con una amiga, arreglábamos el mundo desde nuestras sillas, tranquilamente, sin importar las consecuencias reales que tendrían nuestras intenciones, como si fuéramos verdaderos políticos, políticos que nacieron entre algodones.
Cerca de mi mesa siempre había un hombre sentado que pedía una copa y se sentaba mirando al mar. Tendría unos cuarenta años y era negro, alguna vez hablaba por el móvil en francés, seguramente senegalés o de costa de marfil, ¿qué más daría? Pero una vez levanté la mirada de mi portátil y le vi llorando mientras miraba al mar.
A partir de ese momento decidí prestarle algo más de atención. Llegaba y miraba por encima el periódico, luego se dedicaba a mirar al mar, con una mirada entre la nostalgia y la rabia. Su historia era muy distinta a la de cualquiera de mis amigos.
Había nacido en Senegal, en una familia bastante pobre. Sus padres murieron y tomó las riendas de una pequeña familia formada por siete hermanos, pescó, repartió periódicos, sirvió comida a los más ricos y un día ahorró lo suficiente para intentar vivir el sueño europeo. Pagó unos billetes a la tierra prometida, donde no faltaba leche y miel, donde no había hambre y había mucho dinero para todos.
Se montó con su pequeña familia en una patera, dispuestos a cruzar el estrecho y llegar a la tierra prometida. La patera iba bastante cargada con gente de la que no sabía nada, pero con la que compartía el sueño de una vida mejor, gente para la que ese viaje se convirtió en un viaje de ida a un lugar mejor, un viaje sin retorno. U
Una hora después de que zarparan destino a España comenzó la tormenta, el bote comenzó a zarandearse y él y sus hermanos se agarraron fuerte. No podían caer, debían mantenerse unidos, pero el bote zozobró y cayeron todos al agua. La tormenta hizo el resto, y solo él llegó a la costa, el resto no fue tan afortunado como él.
Día tras día, tenía que trabajar como un negro para vivir bastante peor que un blanco. Trabajó recogiendo chatarras, de estibador en un puerto, cargando cajas en una lonja y finalmente en la construcción como peón de obra. De sol a sol, por lo menos se ahorraba la crema, ventajas de ser africano. Entretanto seguía guardándole rencor al mar por arrancarle todo aquello que le daba sentido a su vida en otros tiempos, mirándolo con rabia y con nostalgia a la vez, como solo saben hacer los que pierden tanto.
Miradas que lo dicen todo, sin tener que decir ni una palabra. Y mientras tanto nosotros arreglando el mundo, entre algodones.
jueves, 13 de enero de 2011
Volando al cielo
Comenzó el día comprando una pistola. Una decisión errónea que marcaría el resto de su vida. Veintiséis años, triunfador, guapo. Nada se le había resistido en la vida, una carrera de éxito, una vida plena, viajes, fiestas, risas, amigos.
Un afortunado, pero ese día, compró una pistola.
Ella, chica guapa, acostumbrada a tener lo que quería. Un día se fijó en él, se encaprichó de sus profundos ojos y una noche se fue la luz y le iluminó con su sonrisa. Era lo único que se le había atragantado en la vida a ese hombre de mirada alegre, pero nunca más.
Ella decidió que se había acabado, que él había dejado de tener lo que a ella le gustaba de él, esa seguridad, ese orgullo de león. Dejó a un león herido, un león que quería rugir. Y se fue con otro, pero no pasó mucho tiempo cuando se dio cuenta de su equivocación.
Pero ya era tarde, él había disparado el gatillo, y se había volado los sesos. El león ya no volvería a rugir.
Un afortunado, pero ese día, compró una pistola.
Ella, chica guapa, acostumbrada a tener lo que quería. Un día se fijó en él, se encaprichó de sus profundos ojos y una noche se fue la luz y le iluminó con su sonrisa. Era lo único que se le había atragantado en la vida a ese hombre de mirada alegre, pero nunca más.
Ella decidió que se había acabado, que él había dejado de tener lo que a ella le gustaba de él, esa seguridad, ese orgullo de león. Dejó a un león herido, un león que quería rugir. Y se fue con otro, pero no pasó mucho tiempo cuando se dio cuenta de su equivocación.
Pero ya era tarde, él había disparado el gatillo, y se había volado los sesos. El león ya no volvería a rugir.
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