lunes, 29 de octubre de 2012

Dejad que se abra el telón

Érase una vez, en un país de cuento, una isla coloreada por la imaginación de sus lugareños, donde un joven vivía un amor idílico con una joven de una aldea cercana. Podríamos imaginar la vida de ambos como un telón, siempre abierto, donde a pesar de las vicisitudes se querían y se amaban, unos días más que otros, por supuesto. Nada en esta vida tiene porque ser perfecto.

Pero un día ella decidió cerrar el telón, él lloró, pataleó y le dijo una y otra vez que estaba equivocada. Y con el tiempo se demostró, y ella intentó tirar de la cuerda, pero él se resistió, los engranajes estaban oxidados. Pero siguió insistiendo y el aceptó a dejarla entrar de utillera, de tramoyista, poco a poco, haciéndole sin querer mucho daño a ella, e inflingiéndose también mucho daño a sí mismo. Pero, merecía la pena.

Un día empezó a olvidar el pasado y el telón se abrió, el tiempo justo para que ella pudiera pasar entre las pesadas telas de su vida, y decidió decorarla poco a poco. Y el telón se fue abriendo, a golpe de corazón, hasta que un viaje les alejo y él se dio cuenta de que quería llegar más lejos que antes, que quería quererla más que nunca y arreglarlo todo, una vida juntos.

Supuso entonces, que es la distancia la que deja que veas la gran imagen, donde todos los puntos quedan conectados.Y también pensó, que no hay gran historia en la vida escrita sin sudor, lágrimas y sangre, aunque sean errores de ambos.

Así que decidió dejar el telón abierto, y salir corriendo al escenario, a bailar, a cantar y a ser felices...

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