miércoles, 26 de octubre de 2011

Escribir para olvidar

Escribía para muchas cosas. Rellenaba formularios, escribía órdenes, firmaba documentos, pero todas carecían de sentido cuando tomaba la pluma y el papel. Él escribía para olvidar, escribía cartas a sus amantes olvidadas, cartas con sello a un cajón olvidado, cartas que se casarán con el polvo y la humedad, cartas que se llevaran sus recuerdos.

Así de triste es la vida a veces. Los recuerdos pueden sembrar sonrisas en rostros arrugados, arrancar risas en días marchitos, nublar caras iluminadas. Él decidió que ya estaba harto de que nublaran su sonrisa, de que velaran sus sueños y sus inquietudes. Tantas mujeres, tantos recuerdos y quedaba tan poco tiempo.

Pero entre todas siempre hubo una, la más grande, la más pequeña. Una a la que llamaba a la vez bruja y princesa, un amor caótico, siempre en guerra, un amor de verdad, algo que jamás podría enterrar. Hay historias que nos marcan, historias que nos hacen crecer, historias que no podremos olvidar jamás porque siempre formarán parte de nuestra identidad...

Risas, lágrimas, abrazos, gemidos, susurros, besos, caricias, llantos, gritos, y ahora todo, todo, recuerdos.




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